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2026, AÑO INTERNACIONAL DE LOS PASTIZALES Y LOS PASTORES

Una oportunidad para reconocer el valor de unos ecosistemas esenciales y de las personas que contribuyen a conservarlos.

En Dehesa de Solana, nuestra actividad como ganaderos nos lleva también a mirar más allá de los límites de la finca y a estar pendientes de aquellas iniciativas que pueden influir en el futuro del campo y de quienes viven de él. Hace unas semanas hablábamos en este blog de por qué Europa vuelve a poner el foco en la ganadería y, anteriormente, nos detuvimos en un ejemplo muy concreto de cómo el manejo tradicional del territorio puede contribuir a su conservación, el pastoreo como cortafuegos natural. En esta ocasión, la actualidad nos ofrece otro motivo para volver sobre una cuestión estrechamente relacionada con nuestra forma de entender la dehesa: el valor de los pastizales y del pastoreo.

El pastoreo y la ganadería extensiva forman parte de un paisaje construido durante generaciones en torno al equilibrio entre naturaleza, animales y actividad humana.

Para nosotros tampoco es una realidad lejana. Hace algunos años tuvimos la desgracia de padecer de cerca uno de estos incendios y sabemos la preocupación, la impotencia y el daño que puede dejar a su paso. Por eso creemos que, además de hablar de extinción cuando el fuego ya se ha iniciado, es importante prestar atención a todo el trabajo que puede realizarse previamente para cuidar el territorio y reducir su vulnerabilidad.

La Asamblea General de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) declaró 2026 Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, una iniciativa que busca llamar la atención sobre unos ecosistemas que muchas veces pasan desapercibidos, pese a su enorme importancia ambiental, económica y social.

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), organismo encargado de liderar esta celebración internacional, quiere poner el foco tanto en los pastizales como en las personas que viven de ellos y los gestionan. Una mirada especialmente interesante desde territorios como Extremadura, donde el pastoreo y la ganadería extensiva forman parte de un paisaje tan característico como la dehesa.

Mucho más que hierba

Cuando hablamos de pastizales es fácil imaginar simplemente grandes extensiones cubiertas de hierba. Sin embargo, el concepto es mucho más amplio. Incluye praderas, sabanas, estepas, matorrales, zonas de montaña e incluso determinados bosques abiertos. Según el organismo mencionado, estos ecosistemas ocupan aproximadamente la mitad de la superficie terrestre del planeta y albergan una importante biodiversidad. Además, proporcionan alimento al ganado, contribuyen al mantenimiento de numerosas comunidades rurales y desempeñan funciones esenciales relacionadas con la conservación del suelo, el ciclo del agua o el almacenamiento de carbono.

En Dehesa de Solana, los pastizales forman parte de un modelo de explotación sostenible ligado al cuidado del entorno, en el que pastos, encinas, alcornoques y ganado conviven dentro de un mismo equilibrio natural.

Por eso, un pastizal no debe entenderse como un espacio vacío o improductivo. Es un ecosistema vivo en el que plantas, animales, suelo, agua y actividad humana mantienen relaciones muy estrechas. Su equilibrio, sin embargo, puede ser frágil. La transformación del suelo para otros usos, la intensificación, la erosión, el cambio climático o una gestión inadecuada pueden provocar su degradación y reducir tanto su productividad como su capacidad para albergar biodiversidad.

El pastoreo contribuye a conservar los territorios

Uno de los mensajes centrales de este Año Internacional es precisamente reconocer el papel que los pastores y ganaderos pueden desempeñar en la conservación de estos territorios. Cuando se realiza de forma adecuada, adaptando el número de animales, los tiempos de pastoreo y las zonas de aprovechamiento a las características de cada terreno, el ganado forma parte del funcionamiento del ecosistema.

Un pastoreo bien gestionado adapta la presencia y el movimiento del ganado a la capacidad del terreno y a los ciclos naturales de la vegetación.

Al alimentarse de la vegetación, los animales ayudan a controlar su crecimiento, favorecen la diversidad de los pastos y participan en el ciclo de los nutrientes. Sus desplazamientos permiten además alternar zonas de aprovechamiento y descanso, dando tiempo a la vegetación para recuperarse.

La dehesa, un equilibrio construido durante siglos

En la península ibérica tenemos uno de los mejores ejemplos de esa relación entre naturaleza, ganado y actividad humana: la dehesa. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación señala que la conservación de este ecosistema está estrechamente vinculada al mantenimiento del pastoreo extensivo y de sus prácticas tradicionales. De hecho, identifica la desaparición de este tipo de pastoreo como uno de los factores que pueden afectar negativamente a la conservación de la dehesa.

Encinas y alcornoques, pastizales y ganado forman el mosaico característico de la dehesa, un sistema en el que producción y conservación están estrechamente relacionadas.

Extremadura ocupa un lugar especialmente destacado. CICYTEX (Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura) señala que la región reúne casi 1,5 millones de hectáreas de dehesa, la mayor superficie de este ecosistema en la península ibérica.

En ella conviven numerosas especies vegetales y animales con aprovechamientos tradicionales como la ganadería extensiva, el corcho, la miel o la actividad cinegética. Es precisamente esa convivencia la que hace de la dehesa un paisaje tan singular. No estamos ante una naturaleza ajena a la presencia humana, sino ante un ecosistema modelado durante generaciones por una determinada manera de utilizar y cuidar el territorio.

Pastizales y biodiversidad en la dehesa extremeña

En Dehesa de Solana, situada en Herrera de Alcántara, esta relación resulta especialmente cercana. Los pastizales forman parte de un paisaje mucho más amplio en el que se alternan zonas abiertas, arbolado mediterráneo y otros ambientes que ofrecen alimento y refugio a numerosas especies. El mantenimiento de este mosaico es una de las razones por las que las dehesas poseen un valor ambiental tan importante.

Los pastizales de Dehesa de Solana forman parte de un paisaje diverso, en el que las zonas abiertas se combinan con el arbolado mediterráneo y otros hábitats para numerosas especies.

En el caso de la dehesa, conservar significa también encontrar ese punto de equilibrio que permita mantener su productividad sin perder los valores naturales que la hacen única.

Conservar un paisaje es también conservar una forma de vida

El Año Internacional de los Pastizales y los Pastores es también una oportunidad para reconocer el conocimiento acumulado durante generaciones en torno al manejo del ganado y del territorio. Un saber que sigue siendo esencial para mantener el equilibrio de la dehesa y favorecer una ganadería extensiva compatible con la conservación.

Desde Dehesa de Solana, creemos que preservar este paisaje significa también mantener viva una forma de trabajar ligada al conocimiento del entorno y a sus ciclos naturales. Porque cuidar la dehesa es cuidar al mismo tiempo sus pastizales, su biodiversidad y el futuro del medio rural.

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