Consejos sencillos para conservar carnes, embutidos y jamones durante los meses de verano
El verano invita a disfrutar más de los productos ibéricos, al ser más habituales las comidas al aire libre y las reuniones sociales improvisadas en las que apetece poco cocinar. Pero también es la época del año en la que conviene prestar más atención a la forma en que guardamos, transportamos y consumimos los alimentos. Toma nota de cómo conservar y manipular tus productos de Dehesa de Solana para protegerlos del calor y viajar con ellos todo el verano.
En verano, tan importante como elegir un buen producto es saber conservarlo correctamente en casa.
El calor no tiene por qué ser un problema si se siguen unas pautas básicas. De hecho, muchos productos Dehesa de Solana están pensados para conservarse durante un tiempo prolongado. Sin embargo, una mala manipulación puede afectar a su sabor, su textura, su aspecto o, en el caso de los productos frescos, a su seguridad alimentaria.
El calor, enemigo del sabor y la conservación
Las altas temperaturas pueden acelerar la oxidación de las grasas, resecar los productos curados y alterar sus propiedades organolépticas. Por eso, durante los meses más calurosos, conviene evitar que jamones, embutidos o carnes queden expuestos al sol, cerca de fuentes de calor o en espacios mal ventilados.
Un error frecuente es dejar la compra durante demasiado tiempo en el coche, especialmente si se han adquirido productos frescos o congelados. Lo ideal es llevarlos a casa cuanto antes y colocarlos en su sitio nada más llegar.
En el caso de los productos refrigerados o congelados, también es recomendable usar bolsas térmicas si el trayecto va a ser largo o si las temperaturas exteriores son muy elevadas.

Puedes transportar tanto la carne como los embutidos con ciertas precauciones contra el calor
Cómo conservar la carne
La carne fresca debe guardarse en la nevera, preferiblemente en la parte inferior, que suele ser la zona más adecuada para los productos más perecederos. También conviene mantenerla bien envuelta o dentro de un recipiente adecuado, separada de otros alimentos, para evitar contaminaciones cruzadas.
Si no se va a consumir en poco tiempo, la congelación es una buena opción. Permite una conservación más prolongada, generalmente de hasta seis meses, en congeladores domésticos que alcanzan temperaturas de -18 grados C o menos.
Para conservar la carne Dehesa de Solana, es importante mantenerla refrigerada o congelada, y protegerla del aire y la humedad para evitar la oxidación y la pérdida de sabor.
Si no la vas a consumir en pocos días, congelar la carne bien envuelta es la mejor forma de proteger su calidad.

Para congelar correctamente, lo mejor es dividir la carne en porciones, envolverla en film transparente o guardarla en bolsas o envases aptos para congelación, y anotar la fecha. Así será más fácil controlar el tiempo de conservación y descongelar solo la cantidad necesaria.
La descongelación también importa. Lo más recomendable es pasar el producto del congelador a la nevera con suficiente antelación, evitando descongelaciones bruscas a temperatura ambiente. Y recuerda: una vez descongelada, la carne no debe volver a congelarse.
Embutidos: frescos, protegidos y sin exceso de frío
Los embutidos ibéricos agradecen un lugar fresco, seco y protegido de la luz directa. En los meses de más calor, si la temperatura de la casa supera lo recomendable, es preferible conservarlos en la nevera, especialmente una vez abiertos.
Una vez sacados del envase, deben envolverse en papel encerado o film transparente y pueden conservarse en la nevera o en un lugar fresco y seco. Lo importante es protegerlos del aire y de la humedad, pero sin encerrarlos de forma que pierdan completamente la ventilación.
Si están en la nevera, conviene sacarlos un poco antes de consumirlos. El embutido no debe comerse excesivamente frío, porque pierde aroma y textura, pero tampoco debe quedar demasiado tiempo expuesto al calor.


Otro consejo sencillo es cortar solo la cantidad que se vaya a consumir en ese momento. Cuanto más tiempo permanece un producto abierto o cortado, más expuesto queda al aire, a la luz y a los cambios de temperatura.
El embutido necesita equilibrio: debe estar fresco para conservarse bien, pero no frío a la hora de disfrutarlo.

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Jamón entero: cuidar el corte es cuidar la pieza
El jamón entero requiere algunos cuidados específicos, sobre todo cuando ya está empezado. Si aún no se ha abierto, debe conservarse en un lugar fresco, seco, ventilado y alejado del sol directo o de fuentes de calor como cocinas, ventanas o electrodomésticos.
Una vez colocado en el jamonero, lo mejor es cortar solo lo necesario y proteger bien la zona de corte. Para ello puede utilizarse la propia grasa del jamón, colocada sobre la superficie abierta, y cubrir después con un paño limpio de algodón.
Este gesto ayuda a evitar que el corte se reseque y protege la pieza del contacto directo con el aire. En cambio, no conviene abusar del plástico o del papel de aluminio sobre el corte, porque pueden impedir que el producto respire correctamente.

Un jamón bien protegido se disfruta durante más tiempo y conserva mejor su aroma, su textura y su sabor.
Si hace mucho calor en casa, conviene revisar el lugar donde está colocado el jamón. No se trata de cambiarlo constantemente, sino de aplicar sentido común: evitar habitaciones demasiado calurosas, zonas húmedas o espacios donde reciba luz directa durante muchas horas.
Pequeños gestos que marcan la diferencia
Manipular bien los productos Dehesa de Solana no exige grandes complicaciones. Basta con seguir unas recomendaciones básicas: mantener la cadena de frío cuando sea necesario, proteger los productos del aire y la humedad, evitar el sol directo, no dejar la compra expuesta al calor y consumir cada producto en las mejores condiciones.
La conservación no depende solo del producto, sino también del lugar, la temperatura y el tiempo de consumo.
También es importante revisar los envases, respetar las indicaciones de conservación y adaptar el cuidado de cada producto al momento del año. En invierno, algunas despensas pueden ser perfectas. En julio o agosto, esa misma despensa puede convertirse en un espacio demasiado cálido.
En resumen: el verano no impide disfrutar de un buen jamón, una buena carne o unos embutidos ibéricos. Solo exige un poco más de atención. Y esa atención se notará después en la mesa.
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