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MITOS SOBRE LAS MONTERÍAS

Lo que se suele decir y lo que realmente ocurre cuando hay gestión de la caza, normas y equilibrio

Estamos en plena temporada de monterías y, como pasa con casi todo lo que se juzga de lejos, alrededor de la caza mayor circulan ideas a menudo viscerales, además de incompletas para los que no conocen el mundillo. Y no se trata de convencer a nadie a base de eslóganes, sino de poner las cosas en contexto. En varias de las fincas pertenecientes al control de Dehesa de Solana se gestiona la caza mayor desde hace muchos años, y por eso queremos hoy hablaros de los mitos sobre las monterías.

A la hora de hablar de las monterías, una cosa es el estereotipo del ricachón saliendo a cazar en su finca con su rifle y otra muy distinta es la realidad de la caza reglada. Esta se planifica, se controla y se integra en el territorio como una herramienta más de manejo del medio natural y del mundo rural. Cuando hay una buena gestión de la caza se está trabajando, además, por la organización, la seguridad y la gestión del territorio.

Montería en la dehesa de Dehesa de Solana

A menudo se juzga la montería por el segundo del disparo. Pero en la práctica, la montería es gestión del campo, coordinación y control.

Mito 1: “La montería es matar por deporte o por capricho”

La idea más repetica, además de condenada, es la de que se caza por el mero impulso por matar, en una suerte de diversión cruenta para los animales. Sin embargo, en una montería organizada hay planificación previa, cupos, medidas de seguridad y criterios de selección. No se sale “a ver qué cae”, sino que se decide qué se puede abatir y qué no, y con qué objetivo.

Además, cuando hablamos de caza mayor hablamos de poblaciones que, si se descompensan, presionan el hábitat vulnerando la regeneración del monte, y produciendo daños en cultivos o competencia con otras especies al aumentar los problemas asociados a la superpoblación. En ese sentido, la montería no es un capricho aislado, sino una intervención en un sistema vivo.

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Ciervo en un entorno natural de monte

Cuando hay equilibrio, la fauna y el hábitat conviven mejor con el uso humano del territorio.

Mito 2: “La caza no aporta nada al medio ambiente”

Cuando se habla de sostenibilidad, muchos piensan en el hecho de no tocar como sinónimo de respeto por la naturaleza. Pero en el campo real no funciona así. Hay ecosistemas que necesitan manejo, igual que un jardín necesita poda o un monte necesita prevención forestal contra los incendios.

La gestión cinegética sostenible se relaciona con:

  • Minimizar daños en agricultura y ganadería cuando hay exceso de fauna.
  • Controlar enfermedades compartidas entre fauna silvestre y ganado.
  • Conservar hábitats y compatibilizar usos del territorio.

Mito 3: “Es un deporte elitista y solo para ricos”

Hay monterías de precios muy diferentes, al igual que hay turismo rural económico y para todos los bolsillos. Pero si queremos hablar de dinero, reducir la montería al ocio de lujo deja de lado su distintivo más importante, que es el de un efecto económico en cadena.

En un día de montería se mueven y sostienen trabajos y servicios como:

  • Guardería rural, veterinarios, transporte, hostelería, carnicería y empresas locales.
  • Cuadrillas, rehalas, organización, mantenimiento de fincas y del monte.
  • Actividad indirecta en pueblos que, durante meses, viven picos de movimiento.
Equipo y entorno rural en una jornada de campo

La actividad cinegética sostiene empleo, servicios y economía local en temporada.

Mito 4: “Los cazadores no respetan al animal”

En el debate público se mete todo en el mismo saco. Pero en la práctica hay una diferencia enorme entre una visión irresponsable y una cultura cinegética que insiste en seguridad, legalidad y responsabilidad. Este hecho lleva al cumplimiento de unas normas respecto a qué animales se puede matar y a cuáles no. También hay algo de lo que no se habla: en muchas fincas se cuida el medio durante todo el año, a través de siembras, puntos de agua, limpieza y prevención de incendios. Es decir, hay un cuidado que no se supedita al día de la montería. Y ese cuidado existe porque hay un motivo para sostenerlo.

Mito 5: “Si se prohibiera la caza, el campo estaría mejor”

La idea suena bien en teoría, pero en realidad, la falta de control suficiente tiene consecuencias. Ejemplo de ellas son la superpoblación de ciertas especies, así como daños y conflictos en el ecosistema. Y ante tales problemas, al final, aparecen intervenciones obligadas que suelen ser menos asumibles y más impopulares.

El componente social de las monterías convierte cada una de ellas en toda una celebración

Paisaje de dehesa en temporada de monterías

Mito 6: “Iniciar a los niños en la caza es normalizar la violencia”

A menudo se condena la exposición de los niños al contexto de la caza, pero conviene separar el debate ético, que es legítimo, de la realidad educativa en el ámbito de la caza, en la que hay normas y control. En los entornos donde la caza forma parte de la cultura rural, los niños se inician acompañando, observando y aprendiendo reglas, no empuñando un arma, ni mucho menos disparando. Recordemos que para disparar es necesario ser mayor de edad y tener licencia de armas.

El origen de los prejuicios

¿De dónde vienen todos estos prejucios? La mayoría de las veces se dan cuando miramos el campo desde la ciudad, porque vemos imágenes sueltas sin proceso, y porque es más fácil opinar sobre un símbolo como pueda ser el disparo que entender un sistema de gestión del territorio.

Captura informativa sobre Solana Extremeña de Monterías
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